Tuesday, November 19, 2019
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Rompiendo el mito del inversor racional. Si es humano, tiene sesgos. Behavior & Economics

Amigos de Behavior & Economics, esta semana presentamos el artículo «Breaking the myth about rational investor: investors’ susceptibility to heuristical…

By Andreea Leonte , in Artículos científicos , at 14 septiembre, 2019

Amigos de Behavior & Economics, esta semana presentamos el artículo «Breaking the myth about rational investor: investors’ susceptibility to heuristical and biased reasoning» de Mušura Gabor A. y Gamulin L. (2016), en el cual se explora la susceptibilidad de los inversores a sesgos y heurísticos, así como algunas diferencias individuales que puedan estar relacionadas con esa suceptibilidad.

Muchos de nosotros, cuando escuchamos información sobre actividades económicas, como invertir en bolsa o gestionar capitales, probablemente pensamos que no nos afecta si no nos dedicamos a ello. Pero resulta que una de las cosas que más afecta a una sociedad de manera global es toda la actividad económica que se lleva a cabo, desde comprar el pan hasta invertir en bolsa. Y aunque algunas impacten más que otras, lo que tienen en común es que implican un proceso de toma de decisiones.

El proceso de tomar una decisión ha estado en el punto de mira de diversas disciplinas desde hace mucho tiempo. El modelo que ha predominado es un modelo normativo, que parte de la idea de que las personas son racionales, por lo que analiza qué deben hacer si son racionales. Se desarrollan así axiomas o suposiciones, que sirven de puntos de referencia para la racionalidad.

Las disciplinas económicas son las que más han contribuido para definir las preferencias y las elecciones de las personas. De estas aportaciones se deriva la teoría de elección (acción/decisión) racional. Esta plantea que las personas actúan desde la razón y las decisiones que toman, económicas o no, son óptimas. Lo que eligen o deciden podría ser algo que desean menos, pero si es óptimo, apuestan por ello. ¿Surrealista?

Al encontrarse evidencias de lo mucho de irracional que tienen las decisiones de las personas y por la ocurrencia de fenómenos como las crisis económicas, se desarrolla un modelo descriptivo, que analiza cómo las personas deciden en la realidad y cuáles son realmente sus elecciones. Entran en el juego las aportaciones de la psicología cognitiva, sociología y otras ciencias que destacan la importancia de la cognición humana. Hay factores psicológicos que median en la toma de decisiones y el entorno sobre el cual se decide es muy complejo. Esto implica que las personas actúan con una racionalidad limitada, eligen o deciden con la energía mental disponible que tienen y con información limitada. Todos estos factores no siempre permiten decisiones óptimas, por lo que, más que ser óptimas, serán satisfactorias.

Como las ciencias económicas se consideran racionales y no dejan espacio a la inclusión de estados afectivos y cognitivos, por no ser directamente observables, nace una nueva disciplina: la economía conductual, que explica como el sistema cognitivo y emocional moldea el razonamiento y las decisiones de naturaleza económica. Las evidencias más destacables apuntan a errores sistemáticos en la toma de decisiones – los conocidos sesgos – y parece que estamos predispuestos cognitivamente a ellos.

Es inherente a todas las personas el uso de dos mecanismos cognitivos. El primero, llamado Sistema 1, es nuestro modo automático e implica el uso de atajos mentales, llamados heurísticos, en pos de la eficiencia y la rapidez y a costa de decidir lo correcto (u óptimo). Es el que más utilizamos, gasta poca energía y es el responsable de generar emociones, impresiones, intuiciones e intenciones. El segundo, llamado Sistema 2, es el mecanismo de razonamiento controlado, consciente, más lento y que gasta más energía y este sería el que siempre utilizaríamos en la toma de decisiones según la teoría de elección racional.

A partir de esta teoría dual, hoy sabemos que utilizamos los dos y que el Sistema 1 participa en más decisiones de las que pensamos. Aunque el uso de heurísticos es adaptativo, supone un riesgo cuando lleva a errores sistemáticos y se toman decisiones sesgadas, por lo que sería mejor que la presencia y el uso de sesgos se minimizara. En las actividades económicas y acciones sociales, especialmente las de gran alcance, pueden provocar consecuencias graves que pueden afectar a grandes grupos de personas (p. ej. crisis económica, acciones de discriminación, etc.).

Se puede confiar en aquello que proviene del Sistema 1 y que afecta a las decisiones, en la medida en la que el entorno en el que ocurren los juicios y en el que incidirán las decisiones es un entorno predecible, estable o regular y ofrece un buen feedback. En cambio, en este estudio se explora la toma de decisiones de inversores, cuyas acciones normalmente ocurren en entornos irregulares y no predecibles. Por eso, se espera encontrar que los inversores sean susceptibles a un razonamiento sesgado o basado en heurísticos. Por otro lado, se evalúa si algunas características de los inversores marcan la diferencia en esa susceptibilidad. Los inversores con un bagaje educativo en finanzas, más años de experiencia en la inversión, más frecuencia de invertir (como medida de experiencia) y que tienen estatus de profesionales o experiencias previas con la inversión, puede que sean más resistentes a un razonamiento sesgado.

En el estudio, 139 sujetos responden a un cuestionario online, que contiene: 7 preguntas demográficas, que es donde se valoran las características antes mencionadas, y 8 situaciones que reflejan algún tipo de decisiones económicas, como apostar o invertir, cuyas respuestas son indicadores de 7 sesgos o heurísticos. Por ejemplo, “Elige una de las opciones: (1) perder 6000 $ o (2) tener un 75% de probabilidades de perder 10.000 $ y un 25% de probabilidades de no perder nada.” (sesgo de aversión a la pérdida).

De todos los escenarios de apuesta o inversión que se presentan, en 5 de ellos responden significativamente más inversores con la opción sesgada/de heurístico. Es decir, los inversores optaron por las respuestas que reflejan: dos versiones de aversión a la pérdida, heurístico de disponibilidad, reacción reducida (underreaction), sesgo del status quo y efecto del dinero de la casa. Además, se encuentra una relación: la mayoría de los sujetos que responden con el heurístico de representatividad, también eligen aquellas respuestas que reflejan el house-money effect – después de una operación rentable, se tiende a asumir más riesgos de inversión-.

Dados estos resultados, en este estudio se demuestra parcialmente que los inversores también pecan de irracionalidad y no es algo inesperado, siendo una de las razones por la cual el mercado es tan volátil, impredecible y acaba generando burbujas de mercado. Como no se han encontrado muchas relaciones entre las situaciones presentadas, se puede considerar que los sesgos y heurísticos, aunque provengan del mismo sistema, no comparten necesariamente los mismos constructos latentes y probablemente dependan bastante del contexto.  Los autores consideran que se necesita más avance en la economía conductual, como el desarrollo de una teoría que explique o encuentre constructos que todos los sesgos y heurísticos compartan, más allá de la teoría dual. Esos avances permitirían crear instrumentos más válidos para los sesgos/heurísticos.

De las características evaluadas, se han encontrado relaciones entre la formación en finanzas y un menor número de respuestas sesgadas en cuanto al heurístico de representatividad y la contabilidad mental (efecto de disposición). Se plantea que la formación en finanzas posiblemente haga que los sujetos tomen decisiones más racionales, pero no se descarta una relación inversa: que los sujetos más racionales se sientan más atraídos a estudiar finanzas. Este hallazgo es el más relevante porque es donde se observan relaciones más claras. En cuanto a la experiencia profesional, no se observaron relaciones concluyentes.

En conclusión, aunque no se hayan obtenido resultados en la dirección esperada, tienen utilidad en dar una dirección a futuros estudios dentro del campo de la economía conductual, especialmente por utilizar una muestra de inversores reales.