Tuesday, October 22, 2019
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El impacto de la culpa y de la responsabilidad en la toma de decisiones. Behavior & Economics

Amigos de Behavior & Economics, esta semana presentamos el artículo “The impact of the level of responsibility on choices under…

By Andreea Leonte , in Artículos de divulgación , at 12 octubre, 2019

Amigos de Behavior & Economics, esta semana presentamos el artículo “The impact of the level of responsibility on choices under risk: the role of blame” de Eijkelenboom G. G., Rohde I. y Vostroknutov A. (2018), en el cual se analizan las decisiones que conllevan responsabilidad sobre otros y la relación de estas con el sentimiento de culpa.

En la vida diaria, las personas deben tomar muchas decisiones arriesgadas: comprar un coche, mudarse por una oportunidad de trabajo, invertir los ahorros, etc. Tomar una decisión implica que aquel que decide tiene la responsabilidad sobre las consecuencias derivadas de ella. Todas las decisiones suponen un cierto grado de responsabilidad. Y sentirse más o menos responsable depende principalmente de tres aspectos: la magnitud del riesgo que una decisión supone, el número de personas que deciden y el número de posibles afectados.

Con estos datos iniciales, se hace obvio que las decisiones que toman los líderes políticos, los gerentes de diferentes organizaciones u otras figuras de la economía conllevan mucha responsabilidad. Suelen ser decisiones más arriesgadas y con mayor impacto en los demás. Nuestra lógica nos dice que a más personas que les pueda afectar una decisión, más responsabilidad hay y menos riesgos se deben tomar. ¿Seguimos esta lógica?

Los autores del estudio plantean que la toma de decisiones bajo cierta responsabilidad está influida por una evitación de culpa. El deseo de evitar la culpa provoca un cambio en el comportamiento del que toma la decisión, por ejemplo, arriesgándose menos.  Por tanto, la motivación subyacente de un sujeto, para actuar de manera más responsable, es principalmente evitar ser culpabilizado y que otros generen creencias negativas sobre él. La responsabilidad sobre otros implica que el que decide va a tomar decisiones más consistentes con lo que él cree que son las preferencias de riesgo de las personas afectadas.

Se distinguen dos razones principales de culpa. Una razón causal, en la cual el que decide es culpabilizado por un mal resultado, incluso si no lo ha provocado de manera directa. También se culpabiliza al que decide por haber elegido una mala acción, aunque no haya provocado un daño directo y, en este caso, se habla de una razón intencional.

Ambos motivos pueden influir en la cantidad de culpa que se le atribuye al que decide. En el contexto económico, las dos fuentes de culpa se pueden conceptualizar en el marco de toma de decisiones bajo incertidumbre. En un estudio de Gurdal et al. (2013), un agente de una empresa debe elegir entre lotería y un activo seguro. El resultado monetario de su elección va a un superior y este decide las cantidades asignadas al agente y a un tercero. Se observó que el superior culpa al agente por tres motivos: por el bajo premio de la lotería elegida (culpa causal), por no haber elegido otra lotería que resultó en mayor premio (culpa causal) y por haber elegido la lotería y no los activos seguros (culpa intencional). Por lo tanto, al que decide se le puede culpar por haber elegido opciones inciertas o de baja utilidad esperada, por un resultado obtenido o por un resultado contrafactual cuando la incertidumbre desaparece.

En este estudio se genera un diseño en el cual solo puede darse la culpa intencional. Como ya mencionábamos, se espera que, al tener más responsabilidad sobre otros, los sujetos tomen decisiones consistentes con la preferencia de riesgo de los afectados. Así, los sujetos se ponen en el lugar de los afectados y minimizan la culpa intencional o, dicho de otro modo, el grado de culpa que podrían echarle por los resultados de sus decisiones.

Para determinar la tendencia al riesgo de los sujetos, se aplica un cuestionario con dos preguntas. Una implica valorar la propia tendencia al riesgo (desde muy amante del riesgo hasta mucha aversión al riesgo). La otra pretende valorar si los sujetos creen tener una tendencia al riesgo diferente de la mayoría. Esta última permite definir la preferencia de riesgo que los sujetos creen darse en la población.

Los participantes del estudio deben tomar decisiones en cada una de 4 fases experimentales, que consisten en elegir una de dos loterías. Esta tarea de decisión es una tarea de Holt y Laury (2002) que mide la aversión al riesgo. La diferencia entre fases experimentales reside principalmente en el número de afectados por las decisiones de los sujetos. En este caso, estar afectado significa recibir un mayor o menor premio de la lotería en función de las elecciones de los sujetos.

Todos los sujetos (1) hacen elecciones individuales (sin afectados), una condición que no implica responsabilidad. También eligen con (2) responsabilidad sobre otro, informándose al sujeto de que tanto él como otro recibirán el premio de la lotería. La tercera condición es decidir con (3) responsabilidad sobre otros tres, en la cual el sujeto y tres más recibirían el premio. Y, por último, hay una cuarta condición de (4) responsabilidad mutua, en la cual dos sujetos deben ponerse de acuerdo para elegir una lotería y el premio lo reciben tanto ellos como otros tres.

La hipótesis de evitación de culpa predice que en las decisiones que afectan a otros los sujetos tomarán decisiones consistentes con la preferencia de riesgo de la población. Se asume que los sujetos tienen creencias correctas sobre cómo se distribuye la preferencia al riesgo en la población. A través del cuestionario esta idea se confirma parcialmente. Los sujetos con tendencias más extremas hacia el riesgo son conscientes de que se sitúan por debajo o por encima de la preferencia al riesgo media de la población. En cambio, no son tan precisos en determinar cuánto se alejan de esa media.

Cuando los sujetos deciden solo para ellos mismos, se espera que estos tomen decisiones consistentes con su preferencia de riesgo. Si uno es amante del riesgo, tomará decisiones arriesgadas. En cambio, cuando lo que deciden también afecta a otros, se espera que elijan de manera consistente con la preferencia de riesgo de la población. Más específicamente, los sujetos amantes del riesgo decidirán con más cautela y los sujetos con aversión al riesgo se arriesgarán más. A modo general, en el estudio se confirman estas sospechas, pero hay diferencias según el grado de responsabilidad y según la precisión de determinar la preferencia al riesgo de la población.

Se observó un efecto débil de la responsabilidad en las decisiones de responsabilidad sobre uno más, comparado con la decisión individual. Este efecto aumenta cuando los sujetos deben decidir para ellos y tres más. Tal como se esperaba, los sujetos con aversión al riesgo eligen opciones más arriesgadas que en otras condiciones. Y, del mismo modo, los sujetos amantes del riesgo eligen opciones menos arriesgadas cuando tienen responsabilidad sobre el premio de tres personas más.

Las elecciones en la condición de responsabilidad mutua son las que más centradas están en las preferencias de riesgo de los afectados. En esta condición, los sujetos aciertan más sobre cuáles son las preferencias de riesgo de la población y eligen de manera más consistente con esas preferencias. Entre dos se comparte más información que pueda dar una idea más precisa de lo que ocurre en la población.  Por lo tanto, la evidencia más fuerte de evitación de culpa se observa en las situaciones de decisión conjunta y con responsabilidad sobre otros afectados.

La falta de evidencia en el caso del efecto de la responsabilidad sobre un otro no significa que el sujeto que decide no se sienta responsable si solo hay un afectado. Los sujetos del estudio sí tienen tendencia a actuar de manera responsable. El efecto débil de la responsabilidad sobre otro puede deberse a la estimación errónea de las preferencias de riesgo de la población. El fallo aparece cuando se utilizan las preferencias de riesgo propias como benchmarks, o puntos de referencias, en la estimación, dando lugar a decisiones sesgadas.

En definitiva, este estudio muestra que la evitación de culpa puede modificar el comportamiento de las personas cuando deben tomar decisiones arriesgadas y responsables. Lo más destacable es que la decisión conjunta lleva a mejores decisiones. Este dato se debería tener en cuenta tanto en las prácticas de management, como en la vida diaria, especialmente en aquellas situaciones en las cuales un grupo pequeño de personas toma decisiones que afectan a muchas otras.